"Ningún pintor como Orozco: William Fett"

Armando Ponce, Proceso, R. (2006). Proceso 1553, 1. Ver en: https://publicaciones.proceso.com.mx/biblioteca/8ffb90ed-868e-4d66-b84e-1f4f0590bd60

El catálogo de la singular obra mexicana de este artis-ta oriundo de Estados Unidos acaba de editarse en Santa Fe, pero es poco conocida en México, no obstan-te haberla realizado aquí en su mayoría, a lo largo de casi 65 años. Pero el desencanto de Fett no es por la incomprensión hacia su trabajo, sino con el increí-ble mundo técnico que, dice, “mata todo”, incluso la pintura-pintura. De ahí su admiración profunda para aquellos dos grandes artistas que con ella combatieron la violencia en el siglo XX: Orozco y Picasso.”

“Con nostalgia por la pintura “que está desapareciendo” y por los tiempos vividos entre dos países –su na-tal Estados Unidos y su México adoptivo–, el artista William Fett hace un recuento de su larga trayectoria y evoca, con el mismo entu-siasmo que lo trajo hace 65 años, su admi-ración por José Clemente Orozco.Marginal, romántico, surrealista –como se define a sí mismo y como titula el crítico Richard G. Kurman la semblanza-catálogo que acaba de editarse en Santa Fe, Nuevo México, Estados Unidos, Fett se ha salido de todos los comercialismos y ha recha-zado con vigor el papel mercantilista del arte, lo cual ha provocado que su obra sea ignorada en México, a pesar de su factura donde la violencia del color y la fuerza del paisaje debían situarlo como un autor na-cional singular.

Tarde fría en la cual el pintor de 88 años de edad, egresado del Art Institute de Chica- go –“que era la mejor escuela del mun-do”–, recibe a Proceso en su departa-mento en Iztapalapa, acompañado de su es-posa Catalina Videgaray, quien le au-xilia acercándole lo necesario. Por ejem-plo, la fotografía de un óleo y lápiz graso que contiene sólo rayones, como una ca-ligrafía infantil, firmada por Cy Twombly en 1956, sin título, que forma parte de la Colección Sonnabend de Nueva York, la cual Fett considera modelo del fin de la pintura-pintura.Organizado en extremo, el artista se ha rodeado de las imágenes que van apo-yando sus ideas durante la entrevista.Como otra foto, ésta del mural Catarsis que Orozco pintó en el Palacio de Bellas Artes y que el pintor estaduni-dense muestra reiteradamente sorprendi-do no sólo por la maestría con la cual fue hecho, sino por la vigencia de su temática:“Es exactamente lo que está pasando ahora en el mundo, la violencia, las revo-luciones y todo. Hieren.”

Nacido en Michigan en 1918, Fett co-menzó a pintar desde sus primeros años escolares. Fue un profesor quien le recomen-dó entrar al Art Institute. Profesionalmente se dedicó primero a la escultura. Así ganó un premio de 2 mil dólares con el cual pudo venir a México y vivir durante dos años, pues entonces –recuerda– un dólar costaba cinco pesos:“El dinero mexicano era uno de los más fuertes del mundo en los años cuarenta.”–¿Y qué pasó?–No sé. Yo viví en Michoacán de buen modo. En Erongarícuaro. Era primitivo, pero vivía con 100 dólares al mes… ¡Qué hermoso el paisaje mexicano de Michoacán, el más hermoso del mundo! Yo estaba muy interesado en el paisaje des-de el principio.Confiesa que vino a México ante la imposibilidad de ir a España, gobernada por el dictador Francisco Franco. Pudo sin embargo conocerla varios años más tarde, y luego fue a Francia.–¿De dónde nació la idea de México?–¡Oh! De siempre, pero principalmente la razón de venir fue estudiar a Orozco.Muestra la imagen del mural de Bellas Artes y enfatiza en buen español, todavía con acento:“Yo creo que es uno de los 10 mejo-res pintores del siglo XX. ¡Fantástico! Siempre me he interesado por Orozco y no había mucho sobre él en los años cuaren-ta… De Diego Rivera sí, de Siqueiros, pero de Orozco no. No sé por qué pero Orozco siempre se perdió, eran más famosos los otros: Para mí no, ¿eh? Esta obra, Catarsis,es la mejor pintura de la violencia en la his-toria, la violencia del siglo veinte.Suspira:“La pintó mejor que nadie Orozco, y Picasso en su Guernica.”–¿Cómo oyó hablar de Orozco, en la escuela de Chicago?–Era el más famoso de los tres gran-des en Estados Unidos. Esotérico, ex-presionista, bien hecho. Más que Max Beckman, a quien yo conocí porque fue a mi escuela a enseñar, aunque yo no es-tuve muy interesado en seguir su línea. Por otro lado, hice amigos muy fuertes en México, como un pintor español llamado Stefan Frances, refugiado, a quien cono-cí por Remedios Varo, también refugia-da española y quien estaba con el poeta Benjamín Perét.–Cuando llegó a México, ¿qué país en- contró usted?–Pocas carreteras, eran cuatro principa-les. Yo vine en coche, en un Ford BA, de los mejores coches que se han hecho en la historia. Terminé vendiéndolo al presiden-te municipal de Pátzcuaro. De vez en cuan-do íbamos a Morelia y a Pátzcuaro, yo era muy amigo de Lázaro Cárdenas. Era muy guapo, tenía una casa en Pátzcuaro, no era una cosa grande pero sí muy bonita.Clamor de PátzcuaroA Pátzcuaro, evoca, sólo iban dos camiones desde Erongarícuaro. Uno se llamaba Así es la vida y el otro Son cosas de la vida. La tía de un amigo suyo, doña Chole, siempre le preguntaba por qué ha-bía ido a “ese estúpido pueblo”, y cuando se fue de ahí hacia 1943 ella le escribió algo en un papel para que lo leyera desde el estribo del camión, a manera de despe-dida; para los amigos. Era un poemita que Fett repite ahora de memoria con sonora carcajada:Adiós Erongarícuaro querido,de tus vergeles me alejo porque no soy tan pendejo. Fett conoció en Guadalajara a Carmela, hija de Andrés Molina Enríquez, se casó con ella y vino a la Ciudad de México, aunque no se quedó a vivir en ella. Su vida transcurría entonces en viajes a Estados Unidos, donde daba clases de pintura, la Ciudad de México y Erongarícuaro. Entre sus alumnos estuvo el destacado pintor colombiano Leonel Góngora, miembro de los interioristas.–¿Expuso entonces en México?–No, muy poco.–¿Por qué?–No lo sé, yo creo que en aquellos días a los mexicanos no les interesaba mi pin-tura, mi estilo, o no sé.A él, dice, le importaba pintar paisaje orgánico; el surrealismo y la “idiosincra-sia mexicana surreal” le inspiraron para hacer paisajes. Cuando vino a la ciudad, Rivera estaba pintando en Bellas Artes.–¿De donde toma usted los colores tan intensos de su obra?, ¿de los pintores mexicanos?–Del paisaje, sí, de paisajes… De pinto-res de la época de la generación del 1910. Allá en Pátzcuaro los reflejos de las nubes en el lago eran muy hermosos –asienta con entusiasmo–. Yo bajaba mucho al lago, en-tonces era mucho más alto. Y cada domingo fui al mercado en Erongarícuaro, iba en ca-noa, y tengo muy buenas fotos de todo esto. –¿Cuántas etapas o épocas hay en su pintura? ¿Siempre hay paisaje?–Muchos dibujos en carboncillo sobre todo, retratos por ejemplo. Yo me enseñé principalmente en el dibujo, en la escuela de arte, en un programa de cuatro años, y casi 30 años estuve enseñando dibujo.

El fin de la pintura
Con cierto pesar expresa su acuerdo con Hilton Kramer, quien era en su opinión el mejor crítico de arte de Estados Unidos, en el sentido de que la pintura de caballete ya está terminando. Aunque le sorprende que en Nueva York puedan subastarse en mi-llones de dólares obras que no son pintura.–Y las instalaciones, ¿le gustan?–Ya nadie pinta.Muestra el artículo de Kramer sobre el fin de la pintura (Are we fed up with the artist? Is the ‘work of art’ over?, octubre de 1970, The New York Times) y reitera que es verdad.–¿A qué se debe?Responde con cierta ironía:–A que –por lo menos esa es mi teo-ría– faltan dos cosas en la pintura muy importantes en esta época, sobre todo para llamar la atención de los jóvenes: una, que la pintura no se mueve, es fija; y la otra, que no hace ruido. Es más que cierto, hasta la foto ahora es video, todo es video, ne-cesitan movimiento ¿A quién le interesa la pintura? ¡De veras!“Esta pintura de Orozco en Bellas Artes, ¿cuánta gente la ha visto? ¡Es de las mejo-res, fantástica pintura! Y es exactamente lo que está pasando ahora en el mundo: la vio-lencia, las revoluciones.”El contenido de la pintura de Fett es más bien pacífico. Le gusta mucho la acuarela y reitera que la base es el dibujo, sin él no hay pintura.–Usted nunca ha sido un pintor co-mercial, ¿por qué?–No sé. Había un artista comercial que ganó mucho dinero en Chicago, me ayu-dó dándome comida y todo, era muy buen artista comercial de la compañía Kraft, del queso. Hay muchos artistas que pue-den pintar así; pero no una cosa personal como yo lo hago, sobre todo con acuarela. Él usaba bien la acuarela y también me ayudó mucho enseñándome la técnica…Aunque sí, es cierto eso es el arte de Esta-dos Unidos, el arte comercial.Dice que los artistas norteamericanos famosos no le interesan mucho. En cam-bio reconoce su gusto por otros, como Picasso, Beckman y Roberto Matta.–¿Y después de Orozco, de los mexi-canos, ya nadie le influyó? ¿Tuvo relación con los más modernos, por ejemplo de la generación de la Ruptura, Vicente Rojo, José Luis Cuevas, Manuel Felguérez?–Felguérez sí me gusta. Pero en ge-neral el arte abstracto no anda bien en México, por lo menos yo lo creo así, ¿qué creen ustedes?–Bueno, siempre ha habido una tradi-ción figurativa. Sí, exactamente.–Pero su pintura es más personal, ¿cómo la describe?–Soy surrealista-abstracto, en general así es. Yo digo que soy tres cosas en mi trabajo: romántico, surrealista y outsider (marginal). Se le cuenta que en el año 2000, durante la bienal de pintura en Nueva York, predo-minaron la instalación y el video. La mayo-ría de las obras movían a risa y apenas podía creerse que se estuviera exponiendo “lo me-jor de Estados Unidos”:“No sé qué ha pasado con Nueva York”, dice con desencanto. “Tercia su esposa para indicar que Fett culpa en cierta forma al expresionismo abs-tracto que influyó en la pintura, a partir de artistas como Jackson Pollock, pues se rom-pió con el Renacimiento y también con lo “figurativo.“Aquella fue la época de la pintura y los pintores muy buenos –dice Fett–, y ahora es la etapa de la literatura: García Márquez, Carlos Fuentes, etcétera.”–Pero el arte no puede morir ¿verdad?–Ojalá, quién sabe, el mundo técnico es increíble, mata todo. Ahora es la cosa técni-ca. Yo no entiendo la computadora y todo mundo tiene computadora, y los niños la sa-ben usar. Una mujer de North Corea hizo un comentario que me afectó mucho. Dijo que cuando los americanos no tienen máquinas son como gente desnuda. Suena increíble.Reflexiona y, finalmente, afirma:“El arte de la pintura es muy antiguo, tie-ne miles de años, ¿ustedes creen que nunca va a morir?”Fett ha dejado de pintar pues ha perdi-do casi totalmente la vista. Para terminar la entrevista se le pregunta quién, además de Orozco, es el artista que más lo ha impre-sionado:“Sin duda Picasso, en el arte moderno. Es increíble lo que hizo, fantástico el Guernica. Pero, por otro lado, no soy cubista. En gene-ral Beckman me gusta mucho, Matta… Pero Picasso es para mí el más grande de todos. Es curioso, el país más atrasado de Europa ha producido dos de los mejores vanguardis-tas: Picasso y Miró. Y a Dalí.”–¿Volverá a haber un artista como Clemente Orozco?–No, imposible.–Y 60 años después de haber venido, ¿qué piensa de México?–Es complicado y muy caro. Ya pasó la época en que todo era tan barato. Yo viví, como decía, más o menos bien con 100 dó-lares al mes.Luego cambia los papeles y pregunta: –¿Dónde va el mundo? ¿Qué va a pasar? ¿Ustedes creen que haya otra guerra mun-dial?–Sería la última…–Sí, claro, porque esa sí va a ser atómica. ¿Se puede imaginar una bomba atómica en Nueva York? Pero esos idiotas de allá…–¿Qué le pasó a Estados Unidos?–Es muy buena pregunta. Yo también me pregunto qué ha pasado con el país que era tan bueno y ahora es fascista. Yo no sé qué haya pasado con el Partido Demócrata, no dice nada. No hay dos partidos ya. Y se hace una pregunta para la cual pa-reciera no haber respuesta en ningún sitio:“¿Qué va a pasar en general?”.No obstante atisba algo:“Brasil está más liberal ahora, Venezue-la, Argentina acaba de decirle al Fondo Mo- netario Internacional: ‘¿Cuánto te debo, 9 mil millones de dólares? Ahí están, no queremos saber más de ti ya’. Entonces hay algo que está cambiando. “En México, no.”

Proceso, R. (2006). Proceso 1553, 1. Ver en: https://publicaciones.proceso.com.mx/biblioteca/8ffb90ed-868e-4d66-b84e-1f4f0590bd60

William Fett

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